El país no se sostiene sobre sus 3,3 millones de empresas. Se sostiene sobre un núcleo mucho más pequeño —y mucho más frágil.
Más del 90% del tejido español son microempresas. Pero el empleo estable, arraigado al territorio y con décadas de oficio acumulado vive en otro sitio: en lo que llamamos la PyME estructurada. Definimos esa franja de forma amplia —de 4 a 49 empleados— a propósito: el INE separa la microempresa de la pequeña empresa en los 10 trabajadores, pero el negocio que ya tiene estructura real, plantilla y arraigo empieza mucho antes. Hablamos de entre 280.000 y 300.000 empresas (DIRCE 2023 + estimación DGIPYME): apenas el 9% del tejido, pero el corazón del empleo y del valor que generan las PyMEs.
Y es justo ese núcleo el que está desapareciendo en silencio. En cinco años se perdieron decenas de miles de estas empresas mientras el total se mantenía —el empleo se sostuvo con rotación y microempresas de alta mortalidad, no con la continuidad de las que de verdad estructuran un territorio.
No es un problema de insolvencia. Es de sucesión sin relevo, de finanzas frágiles, de un salto digital que no se da y de una carga regulatoria que castiga crecer. Cuatro presiones a la vez sobre el eslabón con menos protección. Este monitor existe para mirar de cerca a esas empresas —porque entender su pulso es el primer paso para acompañarlas.
Lectura propia · Constantino De Zabala Zamora · DBCG